3 agosto, 2018

Mental

La parte de la mente con la que vivimos identificados es conflicto, es donde se produce nuestro sufrimiento. Vivimos totalmente dormidos en el conflicto. El conflicto es división, es dualidad, es dolor, es oposición, es resistencia, es rigidez mental y emocional.
Esa parte de la mente es la mente que compara, que mide, que juzga, que crea el sentimiento de inferioridad, que genera frustración, y que es incapaz de fluir con las cosas tal y como son en el instante presente, en el aquí y ahora.
La mente en vez de estar fresca atenta y creativa, está en conflicto.
La mayoría de nosotros no quiere ver el conflicto y creamos escapes metiendo las cosas debajo de la alfombra, dejando que el conflicto domine nuestras vidas convirtiendo a la mente en nuestra prisión.
Urge cambiar la mente conflictiva por una mente más lúcida y despierta. Para ello tenemos herramientas y técnicas que podemos utilizar, que debemos de empezar a utilizar.
Es necesario desapegarnos de nuestras estrechas ideas, desapegarnos de la neurosis que nos provoca la desarmonía de esa mente inquieta.
Desapegarnos de la idea que creo ser y no soy, pues esta idea es la que más dolor nos genera.
En la época de la ansiedad, del estrés, de la depresión y del cansancio mental, es necesario despertar la mente.
Practicar el arte de parar. La naturaleza sabe parar. Cuando no paramos el engranaje del pensamiento neurótico nos aborda.
Al parar descubrimos que hay algo más allá del no parar, más allá del pensamiento.
La parada consciente nos permite Ser y conectar con el lado de la mente que nos pasa desapercibido; Es la mente que no juzga, que no se apega, que no se inquieta. Es la mente armónica que experimenta su propia gloria y esencia; Es la mansión del silencio y de la clara conciencia.
La mente quieta está en todos nosotros, pero estamos tan fascinados por la mente inquieta y conflictiva que no nos paramos.
Cuando nos damos cuenta de que sólo en el exterior no encontramos la real satisfacción y propósito de la vida, entonces vamos hacia dentro; Paramos y buceamos en el silencio de nuestro ser más profundo.
Despertamos la mente contemplativa para recordar a la mente universal, a la mente creadora. Uno puede abrirse a pensar como un universo. Escuchar los pensamientos del universo es escucharse a uno mismo; y cuando hacemos ese movimiento de parar interiormente a escucharnos, descubrimos que nuestro pensamiento actual sólo es un aspecto minúsculo de la totalidad de la conciencia universal de la mente creadora.
Este trabajo nadie puede hacerlo por nosotros, sólo uno mismo puede decidir permitirse ir hacia dentro con paciencia y utilizar este viaje para nuestro desarrollo interior.
La meta es vivir libres y más despiertos.

Rebeca Rodríguez del Valle/  Coach Transpersonal – Profesora de Yoga y Meditación
www.rebecabenluz.com

 

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