3 agosto, 2018

Educativo

La Educación Que Necesitamos En El S.XXI

En la puerta de entrada de una Universidad sudafricana reza el siguiente mensaje para la lectura y contemplación de los jóvenes: «Destruir cualquier nación no requiere el uso de bombas atómicas o el uso de misiles de largo alcance, sólo se requiere un bajo nivel educativo, ignorancia de su historia y que sus estudiantes hagan trampas en los exámenes y ante cualquier barrera que encuentren en la vida»*
– Los pacientes mueren a manos de esos médicos…
– Los edificios se derrumban a manos de esos ingenieros…
– El dinero se pierde a manos de esos economistas y contadores…
– La justicia se pierde a manos de esos jueces…
*»El colapso de la educación es el colapso de la nación».

El colapso de la educación es el colapso de la nación. Todos estamos de acuerdo con esta afirmación y sin embargo no es fácil el consenso en este tema. La primera cuestión que se plantea es qué entendemos cada uno de nosotros por educación, quiénes son los protagonistas de la educación, qué ámbitos y qué edades abarca la educación, cuál es el mejor sistema educativo y un largo etcétera.

El sistema educativo tradicional ha establecido el CI (Coeficiente de Inteligencia) a través de los datos obtenidos por los test de inteligencia que medían exclusivamente dos aspectos: las aptitudes matemáticas y las aptitudes verbales y en consecuencia han dedicado el 90% del tiempo lectivo a la transmisión de conocimientos.

Pero cuando ante un acontecimiento violento los ciudadanos, los políticos, los periodistas repiten continuamente la frase “es cuestión de educación”, es evidente que se refieren no sólo a la transmisión de conocimientos o a las normas básicas de urbanidad. Cuando afirmamos que hay que evitar la violencia de género o los enfrentamientos en los campos de fútbol nos referimos a otro tipo de educación, estamos pensando en esa educación que enseña a dominar los impulsos, a escuchar, empatizar, compartir.

Y… ¿Quién asume esa educación emocional? ¿Quién habla de eso en la escuela o en la familia? Porque cuestiones como las inteligencias múltiples, la aplicación de la psicología positiva o la inteligencia emocional no parecen encontrar espacio en los currículos, no existe -salvo raras excepciones- una asignatura que enseñe estas habilidades ni en la ESO o Bachillerato ni en el grado de Magisterio ni en ningún otro.

Es ya una realidad indiscutible que los jóvenes con un mayor dominio de sus emociones logran mejor rendimiento académico, más capacidad para cuidar de sí mismos, mayor resistencia ante las dificultades y menor tendencia a implicarse en conductas de riesgo.

Según los datos facilitados por Eurostat (estadísticas oficiales de la UE) las dificultades del aprendizaje o el estrés ante los exámenes provocan estados emocionales negativos como la apatía o la depresión, todos ellos relacionados con deficiencias en el equilibrio emocional.

Rafael Bisquerra, catedrático de Orientación Psicopedagógica de la Universidad de Barcelona afirma que “el desarrollo de las competencias emocionales puede ser más necesario que saber resolver ecuaciones de segundo grado. El cerebro necesita emocionarse para aprender”.

Es fundamental plantearse una profunda innovación educativa y para ello urge formar a padres y profesores para que cada uno desde su puesto lideren este proceso innovador. El ser humano no es sólo razón, también es materia, emoción y espíritu y todo ello ha de ser desarrollado en un proyecto creativo e integrador.

Yolanda Pérez Peñafiel/ Profesora-Coach Educativo
www.yolandaperez.es

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